"Cañón submarino de Mar del Plata: 57 nuevas especies de aguas profundas halladas en un solo cañón argentino"
En julio de 2025, un vehículo operado a distancia llamado SuBastian descendió al cañón submarino de Mar del Plata, frente a Argentina, y millones de personas vieron en directo cómo pasaba junto a corales, crustáceos y criaturas que parecían inventadas. La favorita del público fue una estrella de mar de un naranja brillante que recordaba a un personaje de dibujos animados. La verdadera noticia tardó más de un año en llegar: el 1 de octubre de 2026, el Ocean Census de la Nippon Foundation-Nekton y el Schmidt Ocean Institute anunciaron que un taller de dos semanas en Buenos Aires había identificado 57 especies nuevas para la ciencia, además de cinco géneros nuevos, a partir de muestras recogidas en su mayoría en esa única expedición.
El taller se celebró del 13 al 24 de julio de 2026 en la Universidad Maimónides y reunió a 20 taxónomos e investigadores jóvenes de América Latina y Europa, que trabajaron con el CONICET de Argentina y el Museo Argentino de Ciencias Naturales. Examinaron especímenes recogidos por SuBastian desde el buque de investigación Falkor (too), junto con material histórico de expediciones argentinas anteriores. El desglose de la cifra es el siguiente:
| Grupo | Especies nuevas |
|---|---|
| Copépodos (pequeños crustáceos) | 20 |
| Equinodermos (pepinos de mar, crinoideos) | 22 |
| Cnidarios (octocorales, plumas de mar, corales pétreos) | 14 |
| Escafópodo (molusco concha colmillo) | 1 |
| Total | 57 |
El detalle más revelador no es el total, sino la fracción de muestreo que hay detrás. Los 20 copépodos nuevos procedían de aproximadamente el 10 por ciento del material de copépodos recuperado, y todos los copépodos del lote examinado resultaron ser nuevos para la ciencia. Los copépodos están entre los animales más abundantes de la Tierra y se sitúan en la base de las redes tróficas marinas, así que un cañón donde los animales más comunes están por completo sin describir no es una curiosidad: es una señal de que el inventario de referencia de las profundidades marinas está mucho más incompleto de lo que suponen los planes de conservación.
Hay una distinción importante detrás del titular, y conviene decirla con claridad. Que una especie sea identificada como nueva para la ciencia no es lo mismo que sea descrita y nombrada formalmente. El pepino de mar con apéndices en forma de cuernos apodado Loki, filmado a 2.577 metros, sigue esperando un nombre formal de especie, al igual que otros hallazgos del taller. La cifra de 57 es un recuento de identificaciones registradas en Ocean Census NOVA, una plataforma de acceso abierto para especies marinas recién descubiertas: real, pero provisional, como toda taxonomía lo es hasta que se publican las descripciones formales.
Lo que me llama la atención de esta historia es tanto el método como la colección de animales. La expedición en sí fue un espectáculo, transmitido a millones de personas, pero el descubrimiento ocurrió después, en una sala llena de especialistas que comparaban la anatomía espécimen por espécimen. La exploración de las profundidades no deja de repetir este patrón: las cámaras llegan primero, la taxonomía alcanza después con lentitud, y la brecha entre lo que hemos visto y lo que realmente hemos identificado no deja de crecer. Las decisiones sobre pesca, minería del fondo marino y protección marina se toman a partir de inventarios que, en lugares como este cañón, apenas existen todavía.
Esa brecha es también la razón por la que espero que esta cifra siga creciendo en lugar de estabilizarse. El noventa por ciento del material de copépodos de esta expedición sigue sin examinarse, y el formato del taller —reunir a los especialistas, trabajar juntos en el material acumulado y publicar los resultados abiertamente— ya ha demostrado funcionar con rapidez. El océano no se está quedando sin especies nuevas. Nos estamos quedando sin excusas para no mirar, y para no financiar el trabajo poco vistoso de poner nombre a lo que las cámaras encuentran.