El primer título de Serie Mundial de los Milwaukee Brewers: la lección de 103 victorias de un equipo de mercado pequeño
El miércoles por la noche, en el Tropicana Field de San Petersburgo, Florida, los Milwaukee Brewers vencieron a los Tampa Bay Rays por 4-1 en el quinto partido para ganar la Serie Mundial por cuatro juegos a uno y poner fin a la espera más larga del mercado más pequeño del béisbol. Es el primer campeonato en la historia de la franquicia. Los Brewers nacieron en 1969 como los Seattle Pilots, se mudaron a Milwaukee un año después y solo habían llegado una vez a la Serie Mundial, perdiendo el séptimo partido ante los St. Louis Cardinals en 1982. Milwaukee no celebraba un campeón de la Serie Mundial desde los Braves de 1957. Lo que me interesa de este título no es solo que haya terminado una sequía, sino cómo terminó: los Brewers no se encendieron en el momento justo. Fueron el mejor equipo del béisbol durante todo el año, y en octubre jugaron como tal.
Los números son de una consistencia casi insultante. Milwaukee terminó la temporada regular con 103 victorias y 59 derrotas, el mejor registro de las Grandes Ligas, y luego logró un 11-2 en la postemporada, superando a San Diego en la serie divisional, barriendo a los repletos de estrellas Los Angeles Dodgers en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional y cerrando la serie ante Tampa Bay en cinco partidos. El quinto partido siguió el guion de la temporada. El novato campocorto Cooper Pratt impulsó la primera carrera con un sencillo en la segunda entrada, David Hamilton añadió otra en la quinta, y en la sexta William Contreras conectó un doble que llevó a Christian Yelich al plato antes de que el elevado de sacrificio de Pratt pusiera el 4-0. El abridor Jacob Misiorowski contuvo a Tampa Bay el tiempo suficiente para que esa ventaja pareciera segura, y los Rays, limitados a cuatro hits, solo lograron un doble de Chandler Simpson en la novena entrada.
Contreras fue nombrado Jugador Más Valioso de la Serie Mundial, y la elección dice mucho sobre qué clase de equipo fue este. Bateó .381 en los cinco partidos con cuatro carreras impulsadas, eliminó a cuatro de los nueve corredores que intentaron robarle una base y ganó 10 de sus 13 desafíos bajo el nuevo Sistema Automatizado de Bolas y Strikes, el proceso de apelación con árbitros robot que ya había dominado durante la temporada regular, cuando lideró las Grandes Ligas con 185 desafíos y 105 revocaciones. Es el octavo receptor en ganar el premio y el primero desde Salvador Perez en 2015. La ventaja de los Brewers, en otras palabras, no fue una superestrella cargando con una plantilla. Fue un receptor que convirtió una regla nueva en un arma, un campocorto novato impulsando carreras en el partido decisivo y un cuerpo de lanzadores que nunca regaló una serie.
Por eso también se discutirá este título mucho después del desfile. Milwaukee juega en el mercado más pequeño del béisbol, con una nómina en la mitad inferior de la liga, y acaba de vencer a equipos que gastan varias veces más que él. El modelo de los Brewers es el desarrollo de jugadores, la profundidad de su pitcheo y un mánager, Pat Murphy, cuyos equipos parecen sacar más de una plantilla de lo que los nombres sugieren. La pregunta honesta ahora es si un sistema tan bueno puede hacerlo dos veces. Repetir como campeones es lo más difícil del béisbol moderno: la diana en la espalda crece, los contratos se encarecen y las lesiones que nunca llegaron este año suelen aparecer al final. Mi propio juicio, registrado junto a este artículo, es que Milwaukee regresará a la postemporada en 2027, no porque los cuentos de hadas se repitan, sino porque 103 victorias y un octubre de 11-2 rara vez son accidentes. Se supone que los equipos de mercado pequeño alquilan el éxito por una temporada. Los Brewers acaban de comprarlo, y el resto del béisbol ahora tiene que enfrentarse al recibo.