"Síndrome de Prader-Willi: reactivar genes silenciados abre un nuevo camino terapéutico"
Investigadores del Instituto Walter y Eliza Hall de Investigación Médica (WEHI), en Australia, han encontrado una forma de volver a activar genes sanos en el síndrome de Prader-Willi, una enfermedad genética rara que afecta a unas 400.000 personas en todo el mundo. En un estudio publicado el 27 de octubre de 2026 en la revista Science Advances, el equipo mostró que eliminar una proteína llamada SMCHD1 levanta un «freno» genético que mantiene silenciados a los genes sanos, restaurando su actividad en células madre derivadas de pacientes y en modelos animales. El descubrimiento está siendo desarrollado hacia posibles nuevos medicamentos por Togglelux Therapeutics, empresa derivada de WEHI.
El síndrome de Prader-Willi es una de las enfermedades más exigentes con las que puede vivir una familia. Afecta al cerebro y al desarrollo, provoca retrasos del desarrollo y discapacidad intelectual, e impulsa un apetito insaciable que puede derivar en obesidad y complicaciones potencialmente mortales. Hoy las familias lo afrontan con un mosaico de medicamentos, cirugías y consultas con especialistas, y la directora de la Fundación Australiana de Investigación sobre Prader-Willi, Kathlene Jones, describe a niños y adultos viviendo en un mundo lleno de comida que no pueden comer mientras sienten un impulso intenso de consumirla. Todos los tratamientos existentes abordan los síntomas. Ninguno aborda la causa.
La causa, en líneas generales, es un problema de silenciamiento. En el síndrome de Prader-Willi, ciertos genes esenciales para el desarrollo y la función cerebral están apagados cuando deberían estar encendidos. SMCHD1, una proteína descubierta en WEHI en 2008, ayuda a regular la actividad génica, y en esta enfermedad forma parte de la maquinaria que mantiene dormidos a esos genes. El nuevo estudio combinó edición genética CRISPR, células madre y tecnologías genómicas para seguir lo que ocurría en miles de genes cuando se eliminaba SMCHD1, midiendo los efectos en el tejido cerebral más relevante para la enfermedad. La investigadora principal, Marnie Blewitt, subdirectora de WEHI y jefa de su laboratorio de epigenética, dijo que el equipo llevaba tiempo pensando que la reactivación podría ser posible, pero no sabía si podría hacerse con seguridad. La respuesta, al menos en células y animales, fue que sí: la actividad génica regresó sin causar problemas en el resto del cuerpo.
Ese resultado de seguridad es la verdadera noticia, y vale la pena precisar por qué. Muchas estrategias genéticas fracasan no porque el gen objetivo siga apagado, sino porque encenderlo altera todo lo que lo rodea. Un tratamiento destinado a bebés y niños pequeños no puede permitirse ese tipo de daño colateral, y el equipo de Blewitt enmarca el hallazgo exactamente así: la evidencia más sólida hasta ahora de que eliminar SMCHD1 puede restaurar la actividad génica perdida sin alterar el resto del cuerpo. También es la culminación de casi dos décadas de trabajo sobre una proteína que su equipo descubrió, un recordatorio útil de que los descubrimientos que parecen repentinos en un titular casi nunca lo son.
La honestidad exige la otra mitad de la historia. Esto sigue siendo investigación preclínica en fase temprana. No hay ningún fármaco todavía, ningún ensayo en humanos anunciado y ningún calendario de Togglelux para uno. La distancia entre genes que despiertan en células derivadas de pacientes y un medicamento seguro para un niño se mide en años de trabajo sobre administración, dosis y toxicidad, y la mayoría de los programas que inician este camino no lo terminan. Lo que hace que este merezca seguimiento es la combinación: un objetivo molecular definido con una señal de seguridad demostrada en modelos, una empresa derivada dedicada a llevarlo adelante y una comunidad de pacientes lo bastante organizada como para impulsarlo. Espero que esa combinación produzca un ensayo clínico registrado de una terapia dirigida a SMCHD1 para el síndrome de Prader-Willi antes de finales de 2028, y le asigno un 40%: decir que está por encima de la tasa habitual de éxito de los programas farmacológicos tempranos sería deshonesto, pero este programa ya ha superado la primera pregunta difícil, que era si los genes podían despertarse sin romper nada más. Si para entonces no hay ningún ensayo registrado, la razón más probable será la habitual: convertir la liberación de un freno en el laboratorio en un fármaco administrable llevó más tiempo del que la ciencia sugería, no que la biología estuviera equivocada.