Las herramientas de piedra sumergidas de Murujuga: un paisaje de 9.000 años bajo el mar
Dos yacimientos de herramientas de piedra en el fondo marino frente a Australia Occidental han convertido un par de hallazgos aislados en un paisaje. En un estudio publicado en octubre de 2026 en Quaternary Science Reviews, investigadores de la Universidad Flinders, la Universidad de Australia Occidental, la Universidad James Cook y la Universidad de York, junto con la Corporación Aborigen Murujuga, documentan nuevos yacimientos arqueológicos submarinos en el País Marino de Murujuga, en el archipiélago Dampier, frente a la costa de Pilbara. El suelo que ocupan lleva bajo el agua al menos 9.000 años. Las herramientas podrían ser considerablemente más antiguas.
Los dos yacimientos muestran partes distintas del mismo mundo perdido. Uno se centra en un manantial de agua dulce, un lugar donde la gente se reunía, a entre 11 y 15 metros de profundidad. Se encuentra a unos 140 metros de un manantial hallado en un estudio anterior del Pasaje Flying Foam. El otro, llamado Maitland River Hummock, es un afloramiento rocoso junto a un antiguo cauce fluvial, un buen lugar para extraer piedra. Antes de que el mar subiera tras la última glaciación, esto era tierra firme y el archipiélago estaba conectado con el continente. Más de dos millones de kilómetros cuadrados de la plataforma continental australiana quedaron sumergidos en esa transformación, y generaciones de pueblos originarios habían vivido en ella.
El detalle que sostiene el argumento es el transporte. Los buzos recuperaron 158 piedras del yacimiento del manantial y confirmaron nueve como herramientas: ocho lascas y un núcleo. La mayoría estaba hecha de granofiro local, pero el resto procedía de roca de los alrededores de la isla Rosemary, a unos 23 kilómetros de donde se encontraron. La gente no recogía simplemente lo que tenía a sus pies. Llegaba con piedra de otros lugares y volvía una y otra vez a los manantiales. Los autores interpretan los manantiales como lugares de reunión, no como accidentes de la geología. Eso es lo que convierte artefactos dispersos en la evidencia de un paisaje habitado, con rutas, preferencias y puntos de encuentro.
Las personas que hicieron los hallazgos importan tanto como los hallazgos. Cinco guardaparques de Murujuga se formaron como buzos científicos para el proyecto, y dos de ellos, Malik Churnside y Richard Variakojis, exploraron los yacimientos bajo el agua y son coautores del artículo. Churnside encontró él mismo uno de los artefactos. El pueblo Ngarda-Ngarli cuida Murujuga desde hace al menos 50.000 años y, como dijo Vincent Adams, director de la Corporación Aborigen Murujuga, la investigación muestra que su paisaje cultural se extiende mucho más allá de la costa, hacia el País Marino. Murujuga es una región inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial, y el territorio sumergido forma parte de la misma historia, no de otra distinta.
Ese cambio de perspectiva es la razón por la que este artículo vale más que una curiosidad. Los descubrimientos submarinos anteriores en Murujuga, publicados en 2020 y 2023, podían leerse como casos únicos. Este estudio demuestra que no lo eran. La misma costa que alberga en tierra una de las colecciones de arte rupestre más densas del mundo tiene ahora un registro equivalente bajo el agua, y la valoración del investigador principal, Jonathan Benjamin, es directa: el equipo apenas empieza a comprender la magnitud del patrimonio cultural sumergido de Australia. El trabajo es lento por necesidad. Las inmersiones se hacen en mareas muertas, cuando las corrientes son lo bastante débiles para trabajar, en una región con mareas de más de cuatro metros, y los buzos deben distinguir la piedra trabajada entre rocas cubiertas de vida marina y con poca luz.
Así que aquí está mi predicción, formulada con la claridad suficiente para poder comprobarla: antes del 31 de diciembre de 2028, al menos un nuevo estudio revisado por pares documentará otro yacimiento arqueológico sumergido en el País Marino de Murujuga o en otro lugar de la plataforma continental australiana, más allá de los dos yacimientos de este artículo. El ritmo apunta en esa dirección, con hallazgos en 2020, 2023 y ahora 2026, y un equipo de guardaparques-buzos ya formado. Las limitaciones apuntan en la dirección contraria, ya que cada nuevo yacimiento depende de ventanas de buceo estrechas y de una exploración lenta y cuidadosa. Le asigno una probabilidad de alrededor del 60 por ciento, lo que es una apuesta real, no una certeza. Si acierta, el mapa del paisaje sumergido ganará otro punto. Si falla, el silencio mismo dirá algo sobre lo difícil que es esta arqueología.